Hospedar al extranjero, en el ámbito de las prácticas docentes, no es una tarea fácil de ser llevada a cabo. Un extranjero es un sujeto que suele sentirse fuera de su lugar de desarrollo cotidiano y por tanto hay que tratar de explorar distintas maneras para lograr transmitir conocimientos a través de una sensación de estabilidad y confort. En varias oportunidades esta situación es muy complicada de realizar ya que puede suceder, es que lo que es extranjero (en este caso, el conocimiento) no sufra esa metamorfosis entre lo desconocido y lo conocido. Entonces es cuando hay que intensificar la búsqueda para consumar ese objetivo.
Resulta importante destacar que una de las principales características del proceso de inserción del extranjero en un ámbito que resulta poco familiar, desconocido en sus bases y, por tanto, hasta amenazante es la de lograr una sensación de confianza que proviene del trabajo del docente en tanto construcción del proceso de aprendizaje y formación del sujeto junto con él mismo, intercambiando saberes y experiencias, como así también demostrando que este individuo no se encuentra siempre en un mismo lugar, sino que su búsqueda permanente es natural y que lo extranjero será siempre aquello que lo rodee; es decir, que de una forma u otra este sujeto extranjero no es en realidad lo extraño, sino simplemente un viajero que tiene su lugar donde se encuentre su ánimo de acercarse a lo que en un primer momento no logra aprehender.
Este "hospedar" es en parte contener, hacer formar parte, reconocer como un sujeto de cambio y fundamentalmente entenderlo en su propia entidad; este sujeto necesita que el conocimiento y los contenidos impartidos sean adaptados a sus necesidades y, al mismo tiempo, reconstruidos desde la colaboración permanente entre docente-alumno. De esta manera el individuo forma el mismo saber y se siente identificado desde un primer momento. Esto logrará que El lugar en el que se encuentre no sea ajeno, y pueda abrazarlo como parte de su identidad.