Intentar
relacionar al extranjero con la idea de viaje requiere establecer
necesariamente un sistemático paralelismo entre conceptos a priori disímiles
pero que presentan en un contexto pedagógico amplio una mayor cuota de
sinonimia que se transparenta, en parte, por el análisis consciente de
las relaciones teóricas básicas entre sus definiciones y, por otro lado, por la
observación de los diferentes momentos del proceso de estudio y aprendizaje en
el ámbito de análisis social.
Todo viaje implica
un desplazamiento hacia lo desconocido, hacia lo que excede los límites de
nuestra cotidianeidad y nos obliga así a darle una posibilidad a eso que es un
interrogante para nosotros hasta el momento en que lo que no conocemos comienza
a ser no extranjero o, simplemente, conocido. Este viaje entonces se convierte
en un gradual entendimiento de aquello que es básicamente lo ajeno, lo que
posee una entidad mas allá de nosotros mismos y por lo tanto se refleja en
nuestra conciencia como posibilidad de descubrimiento y, al mismo tiempo, como
un desafío; el momento de intentar descubrir y entender lo que nos es impropio
es el comienzo del viaje; la búsqueda de transformarlo en lo posible es el
viaje en sí; es intentar identificar, comprender, adaptar, racionalizar y
materializar lo extranjero, volviéndolo propio como parte de lo cotidiano.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLas ideas presentadas son fructíferas. Pero no por ello cotidianas. Hacer "cotidiano" algo corre el riesgo de dejar que ese "algo" se me presente como extranjero.
ResponderEliminarSer extranjero no debe ser sinónimo de imposibilidad sino todo lo contrario, posibilidad para que acontezca algo novedoso o lo que se presenta empezar por desnaturalizar sacar de lo natural o de lo cotidiano