La
definición y la caracterización del problema social conllevan un análisis de
diversos factores que, según Elsa Passicot, influyen no sólo en la
identificación de un problema como tal, sino también en la explicación de sus
fases de desarrollo y su repercusión en los diferentes grupos sociales que se
ven afectados por esta situación problemática.
De
acuerdo a la elección de una situación particular a analizar, en este caso la
violencia familiar, intentaremos determinar si la misma debe o no ser
considerada un problema social según el material teórico brindado; es decir,
analizaremos el conflicto desde el punto de vista de la autora para reconocer
si ella definiría a la violencia familiar como problema social.
Por
un lado vale estructurar la teoría en dos grupos de conceptos: el primero
abarcando las características de un problema social (incluyendo ideas de grupos
de interés y conciencia, entre otras) y el segundo caracterizando sus fases de
desarrollo.
Tomaremos
como ejemplo algunos casos puntuales de violencia familiar que cobraron
notoriedad a nivel masivo a través de los medios de comunicación y, por lo
tanto, generaron una de las características más importantes para definir un
problema social según Passicot: la conciencia de una condición social.
Nos
referiremos brevemente a los casos de Wanda Taddei, en el año 2.010, de Tomás
Santillán, del año 2.011 ( se puede hacer un seguimiento completo del caso
aquí: http://www.lavoz.com.ar/temas/tomas-dameno-santillan)
y el llamado “caso Ludmila” del año 2.005, todos ellos hechos de violencia y
asesinato por parte de familiares cercanos a las víctimas.
http://antrocuarteblog.blogspot.com.ar/2012/11/documento-numero-1.html
En
estos casos se puede ver que los sujetos sociales involucrados pertenecen en su
mayoría a la clase media, un grupo definido como de influencia por su
injerencia en la estructura social desde diferentes puntos de vista: económico,
de generación de pautas culturales, etc. Aunque, claro está, esto no es
privativo, como se ve en la referencia al caso de la pequeña Sofía, mencionado
aquí:
Al
mismo tiempo, se toma conciencia de la existencia de una condición social
porque se consideran a estos hechos como casos extremos ejemplos de situaciones
alarmantemente frecuentes. Por supuesto que, además, se ven afectados valores
morales y la solución a esto necesita de la acción colectiva. Desde estos
puntos de vista, claramente definidos por la autora estamos, hasta el momento,
hablando de un problema social.
Con
respecto al conflicto entre los grupos de interés al que hace mención la
autora, podríamos decir que es el de los representantes del estado el que más
se ve perjudicado en sus intereses, ya que la consecuencia directa de un hecho
de estas características es el de mala publicidad para el gobierno con respecto
a su inacción en pos de la prevención de situaciones conocidas si bien
atemperada, claro está, por las características imprevisibles en algunos casos
de sucesos similares. Igualmente se puede establecer una línea de pensamiento
que lleve a identificar al grupo de poder del estado como responsable por las
condiciones de vida que generan acciones o reacciones como las informadas en
las crónicas al respecto de estos hechos de violencia. De todas formas, el
manejo de la publicidad puede tornar esta imagen en positiva.
Según
Passicot, se presenta una lucha entre los grupos que intentar definir el
problema y los que se niegan a reconocerlo. En este contexto, los primeros
serían algunos medios de comunicación, analistas sociales, familiares de
víctimas, organizaciones civiles que trabajan por su cuenta en la búsqueda de
soluciones, otros grupos que se movilizan espontáneamente (ver http://www.agenciamet.com.ar/noticias/index.php?option=com_k2&view=item&id=700:movilizaci%C3%B3n-en-repudi%C3%B3-de-la-violencia-de-g%C3%A9nero&Itemid=110#.UKBio1JQTH1)
y diferentes sectores del espectro político opositor al gobierno de turno. Los
segundos serían el gobierno en sí, la fuerza policial desprestigiada e incluso
el poder judicial, entre otros.
Para
la autora existen tres fases en el desarrollo del problema social: la
agitación, que se da cuando un grupo de influencia comienza a intentar
convencer a otros grupos de la existencia de un problema social, la
legitimación, cuando se reconoce a estos grupos y sus intenciones y se comienza
a trabajar con ellos y burocratización, que viene a englobar las acciones de
gobierno tendientes a apalear la situación pero que, si no se convierte en
solución de fondo, puede generar nuevos conflictos. Generalmente esto se da
cuando se generan nuevas instituciones oficiales para el tratamiento de un
problema social, por ejemplo, pero no se intenta atacar a las bases del
problema, sino intentar que no se llegue a mayores ante un hecho en particular.
Aquí van algunos ejemplos:
http://antrocuarteblog.blogspot.com.ar/2012/11/documento-numero-2.html
Finalmente,
y habiendo podido ubicar cada uno de los conceptos dentro de las situaciones
planteadas podemos determinar que, en lo que se refiere a problema social, la
violencia familiar es una situación conflictiva de la que diferentes grupos de
influencia han tomado conciencia, que pasa por las etapas de agitación,
legitimación y burocratización, que presenta conflictos entre grupos de poder,
que afecta de manera negativa a los valores de la sociedad y que requiere, para
su solución, de acciones colectivas. Por lo tanto, de acuerdo a lo expresado
por Elsa Passicot, definimos a la violencia familiar como un problema social.
A través en habilitar espacios de palabras que invitan a la lectura y a la capacidad de escuchar y no sólo oír.
ResponderEliminarDesarrollaron un notable análisis de las nociones de formulaciones de voces autorizadas, desde sus investigaciones y estudios, por elaborar definiciones sobre conductas y comportamientos sociales.
Gracias por compartir sus producciones